Accidentes y Responsabilidad Personal


Una constante del ser humano es la falta de asunción de su Responsabilidad Personal en el devenir de los acontecimientos. Tanto en su vida como en la evolución de la Sociedad en la que vive. 

Quiero hablar de accidentes, una lacra que destroza demasiadas vidas humanas y tantos afectos terrenos. Que me atrevo a decir que muchas veces se podrían evitar y esta íntimamente relacionado con la Responsabilidad Personal. El accidente es siempre un evento imprevisto pero nuestra actitud puede evitar gran parte de ellos. Suponen siempre un hecho traumático y sus costos en términos de vidas humanas, tragedias personales y consecuencias económicas para la Sociedad, los sitúan en los primeros puestos de la lista de problemas más graves que nos afligen en la actualidad. Par ser sintético me voy a referir exclusivamente a la Responsabilidad Personal en los tres casos más típicos de accidente; de circulación, laboral y doméstico.

Así por ejemplo, es normal escuchar que los accidentes de circulación se deben al mal estado de las carreteras o a un fallo mecánico del vehículo implicado. Muy rara vez se dice de manera clara y honesta que la gran mayoría de los accidentes ocurren por un inadecuado comportamiento del conductor. Elevada velocidad, perdidas de atención en la conducción y errores humanos son, por ese orden, factores presentes o coincidentes en el 94% de los siniestros. Desde mi punto de vista, que viajo constantemente por carretera, lo raro es que no haya muchos más accidentes por que la gente, no todos pero si bastantes, van como locos. Sin respetar ningún limite de velocidad. En este asunto se dan paradojas absurdas. No tengo nada contra los motoristas, me encanta ir en moto. Encuentro magnífico que el Estado, recogiendo las quejas del colectivo, instale protecciones mejores en los quitamiedos para evitar traumas demoledores. Hay rutas donde ya están instaladas casi en cada curva. Incluso en muchas que si el motorista las abordara a la velocidad máxima permitida en esa carretera, sería muy improbable que se cayera de la moto. Claro que luego hay que ver los fines de semana la que se monta en esos recorridos. Con carreras a la luz del sol y centauros a velocidades de vértigo. Entonces volvemos a lo mismo. Esa carretera esta súper protegida pero no para las velocidades que practican ciertos motoristas, tantos. Sin consciencia de la vital importancia que supone la Responsabilidad Personal como mejor instrumento para preservar la vida.

Los países menos desarrollados y con menor grado de educación en sus poblaciones, detienen los primeros puestos en la lista de muertos en carretera por x coches/habitantes. Aquellos más desarrollados y con una mayor educación general y formación cívica en particular, son los que presentan los menores indices de mortalidad en accidentes de tráfico.

Exactamente lo mismo que sucede en el ámbito de la siniestralidad laboral. Señalo que las estadísticas reflejan que un importante porcentaje de accidentes laborales son aquellos que suceden en itínere, es decir al ir o al volver al trabajo. Estos entran en el grupo anterior ya que son casi siempre accidentes de tráfico. Otra porcentual relevante de accidentes declarados como “laborales” en realidad suceden en ámbito doméstico y se enmascaran como accidente de trabajo para no tener más problemas. No son verdaderos accidentes de trabajo y pertenecen al grupo de accidentes domésticos.

Cuando hablo de siniestralidad laboral me quiero referir en exclusiva a los verdaderos accidentes laborales, osea aquellos que suceden trabajando en ámbito lógico de la profesión. Por experiencia puedo denunciar la mala práctica generalizada. Por dos motivos, el primero es la falta de educación y consciencia real del riesgo. El segundo y mucho más grave, se llama productividad. Por que en demasiadas situaciones y contextos, el cumplimento necesario de la normativa, ralentiza el trabajo en tal modo que deja de ser rentable en el mercado. Muy sencillo, si una empresa que me monta el andamio lo hacen ignorando la normativa, y la de al lado, al contrario, acomete todas las precauciones e indicaciones necesarias que exige la legislación, tardará un terció más de tiempo en hacer el mismo trabajo de la empresa que no cumple la Ley. Resultando más cara su oferta. Por eso hay un montón de empresas que la normativa de seguridad laboral se la pasan por el forro. Pero es todavía peor, constatar que en una economía de servicios muy atomizada con alta porcentual de pequeñas empresas y autónomos, no existe una verdadera educación social y consciencia cívica de la gravedad del problema. Todos dicen de cumplir la ley pero el arnés lo deja en la taquilla.

Son miles y miles de trabajadores que no siempre obligados por su jefe, observan con muy poca convicción las más elementales normas de seguridad. En el entorno de artesanos se dan muchos casos en los que el uso de los dispositivos personales de protección por los “nuevos” viene incluso visto con sorna por los veteranos. Es frecuente ver dispositivos de protección en maquinaria fija y móvil, trucados o anulados para incrementar el ritmo de trabajo de la máquina utensilio. La chapuza reina soberana.

En definitiva, se cometen frecuentes barbaridades en el ámbito laboral, con el resultado de un alto indice de mortalidad e invalidez permanente. Por una falta de educación en el trabajo y la ausencia de adecuados valores civiles que solo preservando la integridad física y la vida del trabajador, fomenten un verdadero desarrollo.

La tragedia y constante sangría de los accidentes en el trabajo es otro ámbito en el que es muy raro escuchar a nadie asumirse la propia Responsabilidad Personal, es siempre culpa del otro, de la empresa, de la fatalidad. Eso no es cierto, la gran mayoría de accidentes laborales se podrían evitar con un cambio de mentalidad en el trabajador y la Sociedad.

Por último, otro gran grupo de accidentes lo conforman los accidentes en ámbito doméstico. El más común y con un elevado indice de graves lesiones y mortalidad. Son muchísimos y de origen y consecuencias muy diversas, pero en una impresionante mayoría esta siempre presente la negligencia de las personas. Con muy pocas acciones preventivas se podría reducir drasticamente el número de este tipo de accidentes. Frecuentemente provocados por inadmisibles faltas de atención e incumplimiento persistente de las más elementales normas de sentido común.

No aprecio por ningún lado un proyecto general de formación y concienciacion civil por parte de la Administración y la Sociedad. Es verdad que se hacen esfuerzos,  que el panorama ha mejorado mucho en los últimos años. Pero queda mucho por hacer y sobre todo de manera más contundente. Hay que convencer al ciudadano y la Sociedad que el 90% de los accidentes se pueden y deben evitar. 

Viaja más despacio, conduce mejor, trabaja más atento, ten más cuidado, organiza mejor la droguería en casa, protege las ventanas al alcance de los niños, no toques donde no sabes, ojo, haz mantenimiento, llama al técnico!.

No me parece que haya una verdadera educación a la prevención personal del riesgo. A la obligación individual de observar ciertos comportamientos y tomar determinadas medidas preventivas. No existe un culto a la importancia de la vida y la sana necesidad de adoptar siempre la necesaria prudencia. De no meter en riesgo mi vida, la tuya y la de los demás por imprudencia. Generada por la ignorancia y la falta de Responsabilidad Personal.

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Maletas


En mi viaje de vuelta de Brasil me han “perdido” las maletas. Ese es el termino metafórico con el que clasifican las compañías aéreas cualquier “incidencia de equipaje”. La realidad es bien otra, me explico; regresé con un vuelo operado por la TAM desde Río a París y desde allí con Air France hasta Madrid. En una ruta única contratada con la compañía brasileña al módico precio de 1.340 euros, billete completo. El itinerario como ya he dicho preveía una escala en París Charles De Gaulle. Con dos horas de transito hasta la salida del vuelo sucesivo programado, AF2000 París- Madrid. El aeropuerto parisino es bastante grande y ocupa una considerable extensión. Con todos los tránsitos organizados, desplazamiento en autobús interno, control de aduanas, sucesivo control de seguridad y embarque en el nuevo avión, las dos horas “volaron” y prácticamente no hubo tiempo para nada más. Entonces me viene espontaneo un razonamiento, si una persona que se mueve rápido casi no tiene tiempo para el desplazamiento previsto en el transito, imaginemos las maletas que están en la bodega y no se mueven solas. Primero hay que descargar ese avión lleno de maletas tras oceánicas, enormes, y otros bultos sin clasificar. Después es necesaria su re-distribución en la inmensidad del aeropuerto. Hasta el muelle de carga que corresponde con el nuevo avión que el pasajero en transito vaya a abordar. Conclusión, las compañías aéreas en muchos casos saben que no disponen del tiempo necesario para gestionar el equipaje en un determinado transito. Simplemente las “pierden” y luego, muy amables, dos o tres días después, te las entregan en casa. Algo que seguro que les sale más barato que disponer de la estructura necesaria para gestionar toda su carga en cada escala comercial que ellos “venden”.

Mis maletas se quedaron en París por que no tuvieron tiempo para (TAM) descargar  y (AirFrance) volver a cargar mi equipaje. A partir de ahí, a cada uno de los tres bultos, imagino la compañía de handling, le asigno un vuelo diferente. Probablemente viendo mi perfil, residente en destino y de consecuencia generador de gastos cero. La verdad es que desde el principio intenté tomarme la cosa con mucha filosofía. Claro que si se perdían de verdad era un desastre, todo material de trabajo construido artesanalmente, piezas únicas. La tercera y más voluminosa me la trajeron finalmente el domingo por la noche, 5 días después de mi llegada. Sin hasta hoy explicación alguna. Menos mal que vivo aquí y no había venido a trabajar…….y que están todas!

Que bonito es volar.

La Pobreza

La Pobreza

Esta mañana he llevado mis hijas a unas carreras que organizaban en el barrio. La afluencia era notable y la expectación tanta. Todos los chavales (y chavalas) estaban bien equipados. Bicicletas sofisticadas y profusión de protecciones y accesorios varios acompañaban a juego los hábitos de marca de tan distintos pequeños. Que desfile de moda! Que de la vanidad humana pasarela. Papas y retoños todos muy monos. En medio a tan social encuentro se me acerca una mama que desde tiempo conozco. Trabaja en la capital en de una banca muy grande la sede central. En eso que conocemos como los planos altos y un de similares cotas sueldazo. Muy tierna me dice; no entiendo esto de la pobreza, mira que no hemos conseguido arreglarlo. Que haya gente que no tenga para comer y yo tres casas, cuatro coches, muchas acciones y mejores roces. Ay es que no lo entiendo…..

Que mundo!