Agua


Nuestro cuerpo esta hecho en gran parte de agua. Tres cuartas partes de la Tierra están cubiertas por el agua. La mayoría de la superficie del planeta todavía por explorar esta debajo del agua, a tales profundidades que ni la moderna tecnología del hombre contemporáneo permiten alcanzar.

Solo es apta para el consumo humano el 3% de las reservas hídricas del planeta. El otro 97% es agua salada. De ese 3%, solo el 1% esta en estado liquido, en ríos, lagos y fuentes, de superficie o subterráneos. El 2% restante se presenta en forma de glaciares o neveras permanentes.

En el mundo hay actualmente la misma cantidad de agua que hace 2.000 años y se ha incrementado la sobreexplotación, la contaminación y el cambio climático. En el Siglo XX, la población mundial se ha duplicado, pero como resultado del desarrollo industrial y la agricultura intensiva el consumo de agua se ha multiplicado por seis.

En la Tierra habitan actualmente 6.000 millones de personas, de las cuales, cerca del 20% viven en 50 países que carecen de reservas hídricas. Cada día millones de personas se tienen que trasladar kilómetros para ir a buscar agua. Casi el 40% de los seres humanos padecen escasez de agua y en 2.025 afectará a un 66% de la población mundial, sobre todo en África y Asia Occidental.

La extracción mundial de agua al año para consumo humano es de unos 3 600 km3, 1.600 litros/hab-día. Se calcula que la mitad no se consume por que se pierde, evapora o infiltra al suelo. La otra mitad, se supone que el 65 % se destina a la agricultura, el 25 % a la industria y, tan solo el 10 % a consumo doméstico. Se entiende por consumo doméstico de agua por habitante a la cantidad de agua que dispone una persona para consumo al día en aseo, limpieza, riego, etc. y se mide en litros por habitante y día (l/hab-dia). Recoge las necesidades y/o consumo real de agua de una población en función a su nivel de desarrollo económico y social. Este valor es el resultado de los registros del suministro medido por contadores o sistemas de valoración certificados dividida por el número de habitantes.

Un ciudadano europeo consume de medía 350 litros de agua/día. Un habitante del cuerno de Africa, 2 lt. El agua infecta es la principal causa de trasmisión de enfermedades mortales en Africa.

Los españoles estamos muy por encima de la media europea, con cuotas de más de 500 litros hab/día.

La Organización Mundial de la Salud recomienda unos consumos hab/día de 80 litros para garantizar la sostenibilidad inmediata.

De ese 10% de agua para uso doméstico, se calcula que entre el 15% y el 50% se desperdicia. La tiramos

Las redes hídricas de distribución, en muchos casos muy antiguas, pierden en su recorrido entre el 8% y el 30% del caudal. Por fugas debidas al deficiente mantenimiento de las instalaciones y enganches para abastecimientos abusivos.

El agua que distribuyen las redes hídricas bajo control de las administraciones públicas, municipales, provinciales, autonómicas o estatales, es mucho más segura en parámetros de salubridad que la vendida en botella. Los frecuentes controles sanitarios de los acueductos públicos y las medidas de seguridad para evitar manipulaciones convierten la vulgar agua del grifo en la opción más fiable.

Las cientos de marcas de agua mineral presentes en el mercado, en muchos casos conducen a un único gran grupo de industrias de la alimentación. Los beneficios del sector son de consideración y la lobby que cura sus intereses es entre las más antiguas y eficientes en la política.

Desde siempre el control del agua es cuestión de interés nacional, causa de guerras y disputas sin fin, antes y ahora. Los Romanos entendieron mejor que nadie como gestionarla, los árabes han aportado confort, genios como Leonardo D¨Vinci diseñaron sistemas de riego todavía en uso. Ha sido entre las primeras fuerzas motrices a disposición del hombre y surcarla ha estado siempre entre sus primeros anhelo.

Diseña majestuosos paisajes, delimita físicamente confines, su potencia no conoce limites y el respeto que infunde es más que merecido. Los hombres de mar lo saben muy bien. Como aquellos que viven en las orillas a merced de las llenas imprevistas. Los que surcan los ríos amazónicos o los que viven de la arrocera palude.

El cuerno de Africa esta sufriendo la mayor sequía de los últimos 60 años. Cientos de millones de personas pueden y se están muriendo de hambre y de sed y de enfermedades como la malaría contraídas al beber agua infectada.

Nosotros, es muy poca el agua que nos bebemos. Ni tampoco tanta aquella que usamos para lavarnos. Nosotros tenemos los Agua Park, tenemos las Spa, los balnearios, las saunas y los club de campo con graciosos laguitos artificiales llenos de patos de mentira. Nosotros el agua la usamos para llenar las piscinas. para regar nuestros verdes jardines, para lavar el coche los domingos. Nosotros incluso tiramos millones de millones de litros cubicos de agua para hacer crecer absurdos campos de golf en medio al desierto para pocos privilegiados que viven de manera inmoral a costa de otros muchos. Si lo se, la Ley dice que esas aguas tienen que ser recicladas. Ley que se incumple en cotas cercanas al 95%.

Es verdad, en medio a esta desolación para que esforzarse en ahorrar agua si aquella destinada al consumo humano es apenas el tres por ciento?.

Pues parecerá increíble pero como ya he dicho antes, gran parte de ese 3% se desperdicia y francamente no nos lo podemos permitir. Reducir consumos inútiles es una necesidad apremiante. Cambiar hábitos, sostituir electrodomésticos por otros con consumos más reducidos, renovar la instalación hidráulica con dispositivos de ahorro y vigilar el eficiente mantenimiento de todos los sistemas de gestión de agua ayudaría a reducir notablemente los consumos. Al mismo tiempo que es una obligación de los ciudadanos exigir a los gestores públicos y privados de invertir una parte proporcional del beneficio obtenido con la gestión del agua en modernizar sus redes para asegurar los menores indices de perdidas posibles.

Otra cuestión de igual importancia es el enorme y creciente gasto que supone a las públicas administraciones el tratamiento de aguas residuales para su posible posterior reintroducción en el ambiente. Aquí también los habitos ciudadanos son fundamentales y la educación permanente de la población absolutamente necesaria. Bastan pocos esfuerzos que ahorrarían millones de euros de tratamientos, así por ejemplo el mayor problema de las depuradoras es la presencia de grasas en las agua a tratar. Demasiada gente tira el aceite de la cocina a la pila y esa costumbre genera gastos evitales. Pero no solo aceite, también, disolventes, productos químicos, medicinales o restos de productos de limpieza. Por no hablar de los que usan el inodoro de papelera, la presencia de todos estos componentes tóxicos juntos es lo que realmente complica la depuración de las aguas. Solo como ejemplo, una de esas pilas conocidas como pila botón que se usan en relojería y en tantos aparatos electrónicos y juguetes. Bien, una sola de esas pilas, por su contenido de mercurio o niquel, puede contaminar hasta 600.000 litros de agua.

El agua esta muy buena, sin Ella nos morimos enseguida. No es infinita y abrir el grifo y que salga potable y fresquita es un privilegio. Como es una obligación moral de cada uno de nosotros hacer lo posible para no malgastarla, contaminarla o desperdiciarla.

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