Saeta

Me descubro descubierto, borracho de los sentidos.

Hay quien dice que la Luna llama a su puerta.

En mi caso, todos los parapetos se desmoronan.

Dejando desnuda el alma.

Me canta como sirena, bruja de ineludibles encantos.

Inspira mi sin razón como cien locomotoras a vapor.

Libre desbocada de alegres lusos al galope ligero.

La quiero            

Torrá

Explota

Las entrañas contortas

No fumo, ya es que ni eso

Dejate

Por que no volar, por que?

En tus rincones

de luz tenue

yo muero

cuando pienso

que quiero

estar  a tu vera

para respirar

Bebo, de eso si

que puedo

Que quiero abusar

de esa energía

Lo se, si que lo se

que me sabe matar.

Solo como tu sabes

que me sabes bailar

Empresa y futuro

Aprendió el oficio como se hacía una vez, mirando, observando a su maestro trabajar y en silencio. Tenía que medir muy bien sus palabras, las escasas preguntas permitidas aconsejaba administrarlas como el pan. Paso años así, en las sombras, realizando gran parte del trabajo sin merecer algún elogio. De puro garzón, mochuelo aprendiz, ayudante, asistente, robando el arte sin hablar ni rechistar.

Llegado el día de la jubilación, Don Tomas vendió la bodega a su fiel escudero que conquisto finalmente el rango de Maestro. Primero contrato un digno asistente que había estudiado en la capital. Aquel mozo tenía parte del camino ya hecho y su entusiasmo en el trabajo era sincero.

El nuevo Maestro, con su despierto asistente, no tardo en mejorar la factura de su bodega y ampliar la oferta. Los clientes crecían a la par y el renovado negocio iba viento en popa. Enseguida fueron necesarios más asistentes, más oferta y más demanda y aquella bodega de barrio, manteniendo abierto el histórico punto de “representación” se mudo a la periferia. De una nave muy grande pasaron a dos. Empezaron abriendo tiendas en otros barrios. Luego en otras ciudades y finalmente después de muchos años de trabajo sin descanso, la empresa empezó a exportar el producto. Al tiempo que aumentaban la oferta. Diversificar, diversificar le repetía el consejero.

En tanto nuestro amigo, entre contrato y contrato había formado una familia con bien cuatro retoños. El primogénito ya estaba terminando el instituto y papa quería que fuera a las mejores escuelas de negocios. No como el que tuvo que aprender todo el solo y a fuerza de cabezazos. Por eso le mando a los mejores colegios, las mejores universidades, y luego a los mejores master y luego a los mejores training y luego a los mejores stage. Primero a Francia, luego Inglaterra, los Usa, Alemania. Hasta que un día ese niño sabiondo llego a convertirse en un hombre. Todo el orgullo de su padre. Preparado desde chico para coger el timón de aquello que en el tiempo se había convertido en un imperio.

El hijo prodigio, a diferencia del padre que trabajaba desde los 14 años de sol a sol, de primaveras cuando le hicieron “doctor” contaba ya más de treinta y los alcanzó sin fatigar un gran que. Aquel día en el que se incorporaba en la Empresa era de hecho su verdadero primer día de trabajo . Entró en aquel imponente despacho de maderas nobles. Las vistas sobre el Imperio desde el último piso del rascacielos y la placa con escrito Director General le hicieron volar. Se acomodó en la mullida butaca controlando el contenido de la enorme mesa. Apretó el botón rojo y le gruño a la secretaría las ordenes del día. Convocado el Consejo de Dirección para un par de horas más tarde, conecto su portátil para acometer los últimos detalles.

A las 12.00 la sala de reuniones estaba llena, con todo el staff preparado para la primera reunión con el nuevo jefe. A su entrada un aplauso lo acompaño hasta su posición al centro de la ovalada tabla de Juntas.

Buenos días queridos señores, no es necesario que me presente, todos sabéis quien soy. He sido llamado para dirigir esta gran Empresa y tras analizar en detalle la posición de liderazgo que ostenta en el mercado global, acepto con mucho honor el encargo. Los he convocado aquí para exponer mi bussines plan de reconversión y recapitalización expansiva globalizada exponencial.

Gracias a las sinergías intergrupo del capital madre y la externalización del brand, sin olvidar el valor claim, los future hipo bond trash, en el target de la máxima optimización. En balsas de inter change con el colectivity resource and su madre. For sale. Están todos ustedes despedidos. Traten de entenderlo, tenemos que ahorrar, hay que tallar costos como sea. Esto no gana lo suficiente. Lo siento señores, se cierra, close, out, quicly, camon camon. Fuera!. Papa tu el primero, que estas viejo. La Empresa la he vendido esta mañana a la competencia y con la pasta que me han dado me voy a dar al lujo. Sin currar el resto de mi vida, que para eso ya habéis currado vosotros bastante.

Café

Es gota, que incesante
cae una tras otra
Es brisa, que sin dudar
mece de ligera sonrisa
Es luz, la que acompaña
cada suya mañana
Es oro, la mirada,
que a mi
solo embriaga
No es de café
el entrecortado
suspiro agitado
Tu sabes ya
quien no es
dichoso pastel
No, gracias
Hoy no
Solo mañana
quizás beberé
Sin fin
ese café

La Guadaña

Gire la llave de contacto y me desperté días después en el Hospital. Por mil tubos y cables estaba atado a la cama. Como un vital cordón umbilical. Todo era blanco alrededor. Al menos así me pareció. Las alarmas acústicas de tan endiablada maquinaria invadían insolentes el vacío de la tecnológica habitación. Unidad de Cuidados Intensivos estaba bordado en cursivo en las clínicas sabanas. Como también en la almohada.

Me explicaron que me había salvado de milagro. La onda expansiva fortuitamente se había desviado, era la única explicación por la que todavía estaba vivo. Que si tenía enemigos, pregunto aquel policía de paisano. Que cosas, quitando algún amante resentido y los celosos colegas, no me sentía tan importante de merecer tan distinguido trato. Una bomba toda para mí. El reten se quedaba en la puerta, nunca se sabe. A mi habitación, acceso total restringido. Hasta que algo se aclare dijeron los solertes funcionarios. La nutrida comitiva me privo de más consideraciones y abandonaron solertes al afortunado. Pasaron así otras horas de insistentes pitidos y continuos cuidados, cuando ya finalmente medio rendido al sueño incipiente, en la noche de luna fui despertado por la enésima visita.

Enseguida me llamó la atención, era un rostro precioso de extrema belleza y enorme atracción. Un cuerpo esplendido meneado con magistral contorneo. Aquello no era una enfermera, era la tentación del diablo que impune se había colado hasta mi institución.

La profunda mirada de sus dos esplendidas pupilas negras y su voz de terciopelo rendían su barroco viso de una belleza iluminada. Cuantos jardines de las Mil y una noche evocaban su intimo perfume. Aguas de miel y limón prohibidas sus sabores se me antojaban. No me dejo tan siquiera reponerme a su inesperada llegada que sus letales artes ya había metido en acto. Su intenso tratamiento provoco en mi la locura. De total éxtasis mental e infinito placer corporal. En huracán de pasiones de tal intensidad que me partió el corazón. Minutos después los facultativos solo pudieron certificar el irreversible colapso cerebral. Estaban certificando el deceso cuando el solerte inspector se presento.

La investigación estaba cerrada; explosión accidental por escape de gas. No había enemigos. El paciente había sido victima de nefasto incidente. No sirve protección al que no tiene amenazas, el concluyó. Lo siento, el Sr. ha apenas fallecido. Ya se sabe, mi querido mortal, que la guadaña no pasa dos veces sin nada cortar. Sentenció el doctor.

Lleno

 

.

Lleno de ganas, lleno de rabia.

Lleno de esperanza y lleno de algas

Lleno de razones y lleno de obligaciones

 

De placeres sin sentido y

de noches sin ruido

 

De amaneceres que florecen

en fuertes aguas en thé manchadas

 

Nina, paciente, su hora espera

en cotidiano proceder

que Ella ya conoce

 

Surcan los claros

entre curvas y encinas

de toros inocentes

 

Vacíos ya todos

los nidos de golondrina

 

Un rito al andar

con café oscuro

de mañana buena

 

Lleno de vida

De gloria y sosiego

 

Lleno de aurora

que esplende

el cielo, lleno

 

Lleno de ti

que soy yo

 

Lleno de mi

que no soy yo

 

Lleno sin ti

no quiero vivir

 

Lleno de amor

sin loca razón

 

Lleno estoy yo

 

Lleno

 

El Sr. Thorton

El tren, con el chirriar mecánico de la larga frenada, finalmente se detuvo en la Estación. Un seco soplido se libero de los compresores y el convoy se sumo en el silencio.

Al contrario del anden donde había ido a parar, bullicioso donde los haya. Todo pululante de extravagantes figuras que competían sin fin para conseguir elevar sus comerciales gritos en semejante barullo.

Cientos de personas se movían por todas partes en el enorme vestíbulo de la Estación Central. Era fácil intuir, de la expresión que dominaba sus visos. si aquellos iban o venían. Las largas horas de viaje despierto araban profundas marcas en el rostro del más encallecido viajero. Como al tiempo imposible se antoja no distinguir esa luz en los ojos que posee aquel que todavía enfrentarse debe a la dudas del camino.

El señor Thorton bajo primero, seguido de una estola de niños andrajosos y tres gordas sirvientas. Con todo el ceremonial que le fue posible desplegar en tan breve tiempo, hizo entrega de una esmirriada propina al pobre porta maletas, ya sepulto en vida en aquel escuálido anden por montañas y montañas de absurdos equipajes.

Por ejemplo,a cosa servían los parasoles en aquel clima horrible. El sol podía desaparecer del horizonte en Octubre y no dignarse de dejarse ver hasta bien entrado el mes de Marzo. Cinco meses, si, cinco meses de cielo perenemente cubierto, gris como el plomo.

El pobre hombre no podía entender como en el mes de diciembre, todas aquellas elegantes señoras que venían de las lejanas europeas capitales, trajeran consigo aquellos absurdos parasoles.

No solo, pensaba en tanto intentaba coger la propina del enésimo señor sin corazón sin que le escapará ni un bulto. El problema no era el inútil parasol, peor todavía eran sin duda, aquellos absurdos estuches en el que las señoras más a la moda, transportaban sus sombreros.

Se dijo así mismo que si soltaba el biuty case rojo y se echaba para atrás un poquito más el tocador francés, quizás podría coger la moneda con un rápido movimiento.

Eran una especie de maletas redondas, rígidas, desde luego pensadas para proteger de un bombardeo su preciado contenido. Pero sin duda también, diseñadas por los malvados hombres elegantes de capital para aplastar todavía más, con su opulento continente, a los porta maletas del mundo entero.

Intento colocar la gruesa bolsa en el hombro y equilibrar mejor los pesos sobre su gastada espalda, pero no tardo en entender que así no podía coger la esmirriada moneda que el hombretón le ponía a mano desde hace ya algún segundo.

Una eternidad, una eternidad, sin duda. Por que el dinero hay que cogerlo al vuelo, enseguida, en cuanto su brillo destella. Claro que aquellas tres gordas sirvientas lo habían forrado de bultos antes de que ni siquiera el hubiera tenido el tiempo de pactar su precio.

Así estaba, cargado de maletas, sin poderse mover y por tanto impedido de encajar el justo compendio que retribuía escasamente su animal esfuerzo. Al tiempo que su mente no le concedía tregua

Por que demonios tendrán que hacer estas extrañas maletas, pesadas como el yunque, e inaferrables como el fresco pescado.?Quien las habría inventado? Cuando hasta las terneras intuyen que no hay maleta sin rígido asidero que facilite el uso y solo con este, al trashumar el tiempo,  la enoblezca.

Claro que el oficio digno impone no dejar caer algún qué. Que de principios nobles es de lo poco que vive nuestro pobre hombre.

Fue ya tan largo el lapso entre la escasa propina oferta y la hasta ahora incapacidad de agasajar la moneda, que nuestro curtido porta maletas, por el ansia cayo fulminado y con el, aquel montón de pasajeras y ajenas posesiones.

Algunas se abrieron, esparciendo íntimos detalles aquí y allá. Otras facilitadas por las formas, rodaron lejanas. La más pesada, siguiendo a Newton, aplastó sonoramente el desvalido cráneo del pobre ya ausente.

La estola de niños correteaba traviesa alrededor de la escena. Solo improperios vulgares articulaban las criadas. Un filo de tenue liquido rojo descendía por el cóncavo pavimento.

Al pronto, una moderna locomotora, desplegando sus  mil caballos, hizo sentir el estridente silbato en las inmediatas cercanías. El rugido a su veloz entrada en la estación hizo vibrar la metálica bóveda que cubría las vías. Aquel código sonoro, tres cortos y uno largo, silbaba ya en toda su potencia. El ferrocarril, con la locomotora al mando seguida por una infinidad de variados carruajes alcanzaba ya el anden mismo a toda velocidad. Sacudiendo con el rodado hierro todo a su encuentro.

El señor Thorton estaba ocupado intentando levantar la pesada maleta, indiferente al destino de su hasta hace poco servidor. Cuando el sobresalto del convoy que estruendoso entraba, casi le hizo perder el equilibrio. Soltó de nuevo la enorme maleta de cuero y por un momento dedicó su interés verso aquella maravilla de la técnica que fugaz desfilaba ante sus ojos.

Fue en ese tiempo en el que la enorme maleta de cuero, al ser soltada por su momentáneo transportista, cayo de lado sobre un ángulo, se descuadró, y tras apoyarse pesadamente sobre el costado, se abrió sin pudores así, de lado como se había quedado.

El aire, sacudido con velocidad al paso del tren hizo el resto. La enorme maleta de cuero, abierta en mitad del anden y abandonada a su suerte, fue embestida por una fuerte corriente. Que decidida la barrió entera dejado vacías hasta las mismas esquinas.

Una fina lluvia de volantes de 1000 inundo en breve toda la inmensidad de la Estación Central. La gente incrédula, titubeaba sin saber que hacer. La estupefacción no tardo en ser vencida por el más común de los sentidos y en seguida, cientos, miles de pares de manos, bateaban al aire para intentar abarcar cuantos más billetes.

Probablemente si, seguro que si, sin duda el señor Thorton estaba abstraído en sus malvados pensamientos. El caso quiere que desde que avisto aquella primera nube de flamantes billetes de 1000 y el momento en que su escuálida mente reacciono, por así decirlo, transcurrió inexorable el cronómetro, sin impedimento alguno.

La relación entre aquel general alborozo y el contenido de la pesada maleta que estaba intentando agarrar justo cuando aquel flamante tren atravesó veloz la estación lo despertó.

Su vista se poso en la valija por un segundo distraída, que yacía abierta y vacía al paso. Como pudo también observar un nutrido grupo de personas que en circulo contemplaban la maleta. No solo la maleta miraban, parecía como si al mismo tiempo lo estuvieran  mirando a el.

Policía, dejen pasar por favor!  Buenos días caballero, es suya esa maleta?

En tanto las tres criadas y el grupo de niños en venta con ellas, todos con buen fajo al vuelo recuperado e imprevistamente libres del presente esclavo con infinita alegría de allí se esfumaron.

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