Toros, no gracias!

 

 

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El encinar, con la tarda luz de septiembre, esculpe cada relieve. El toro, negro como la brea, pastando silencioso, parece hecho de oro.

Un animal precioso de forma esbelta y vida de ocioso.

Al cual, por estas partes tienen reservado un horrendo final. En humano cruel proceder de roja sangre sin sed.

Esas criaturas perfectas que mi vista cada día alegran, solo les dejan vivir para morir.

En un sufrir sin fin. Para el bárbaro deleite de salvajes y sádicas huestes.

Digo no a las corridas de toros.


 

 

 

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