Viejas bombillas e27 y las nuevas CFL

El actual indice de sustitución de las viejas bombillas a incandescencia al tugsteno, conocidas como modelo Edisón27 por las actuales bombillas denominadas CFL, bombillas flourescentes compactas o eco bombilla esta superando las mejores previsiones.
La razón primordial para promover este cambio global de uso, tras 130 años de utilizo masivo, ha sido el ahorro energético. Las viejas e27 solo transforman un 5% de la energía consumida en luz. El restante 95% se disipa en forma de calor. La altas temperaturas de ejercicio donan escasa vida útil en horas de trabajo efectivo. Las nuevas CFL aumentan el indice de energía traducida en luz hasta al 90% consumiendo 8 veces menos potencia para intensidades lumínicas similares, ademas de garantizar una vida útil en horas efectivas de trabajo hasta 6 veces superiores.  Conclusión: consumen mucho menos y duran mucho más.

Existe un estudio bastante independiente, promovido por Philips Lighting que pronostica el previsible ahorro efectivo producido por esa sustitución solo en Europa durante el año 2010.

Las cifras son: 25 millones de toneladas menos de cO2 producido y 10.000 millones de euro de ahorro en coste energético.

A mi me parece algo maravilloso y son cifras que están destinadas a crecer de manera incisiva en los próximos años. Pero como todo lo que hacemos, este avance tiene también un gran peligro, que no puedo dejar de ver y por eso mismo intuir, que me parece muy importante resaltar. El necesario reciclaje eficiente de los millones y millones de flourescentes usados.  Es fácil deducir que las nuevas bombillas CFL son mucho más tóxicas que las viejas E27. Solo en términos de materia, aquellas están hechas con muy poco metal y un cristal muy fino. Con un impacto ambiental por su disgregación en el medio muy inferior a las nuevas ecobombillas. Estas se componen de un soporte cerámico de dimensiones considerables y sobre todo contienen, aparte del gas necesario para funcionar,  muchos más productos químicos en su incorporada electrónica. Contamina mucho mucho más y ya empieza a ser frecuente verlas tiradas en cualquier sitio. En la basura orgánica, en las papeleras, al lado de los contenedores o generalmente a la primera basura que hay a mano. Es muy baja la porcentual de usuarios que realiza un correcto reciclaje entregando sus bombillas usadas a la plataforma diferenciada de su residencia. Por no hablar de otros países donde frecuentemente las ves en el suelo. Claro que si ahora ya las cosas están así, cuando todavía no se han implantado completamente. Que pasará en breve?. Creo sin ninguna duda que este es un aspecto muy preocupante de la difusión de las CFL y no me parece que a los fabricantes y las autoridades les interese mucho. Si la política y la comunicación no cambian es previsible en un futuro muy cercano un nuevo gran problema de impacto ambiental de un residuo todo menos inocuo. Ademas del alto contenido tóxico, por la presencia de cristal particularmente elaborada a forma tubular. En caso de rotura representa un serio peligro para las personas, particularmente en los niños que podrían jugar con ellas al encontrarlas disgregadas en el ambiente y para los operadores de servicios de recogida y tratamiento de basuras durante la necesaria manipulación de los residuos.

Es necesario concienciar a la sociedad no solo de cambiar sus bombillas para ahorrar, también de la absoluta necesidad de su correcto reciclaje. Por que si no, resuelto un problema nos vamos a encontrar con otro.

Ciao.

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