Brasil 16 – Las Favelas de Río

Desde Río de Janeiro, Brasil. 00.18 am

Hoy he hecho el “turista”, También el loco, por que aunque todos me lo habían desaconsejado me he aventurado en una favela, hasta el fondo. He visitado la Favela de Turano y aunque tengo fotos y sensaciones indescriptibles, me quedo con una. cuatro niños sonrriendo. Que resume perfectamente lo que allí he obtenido. A pesar de la miseria, los olores y el miedo, tantas sonrisas. Es increíble estos brasileños como hasta en las situaciones más limites te acogen con un calor desconocido para nosotros, áridos castellanos.

Las fotos intentaré publicarlas para poder compartirlas. Este blog, ha sido concebido para letras, darme algún tiempo y probablemente consiga colgarlas en algún lado.

Las sensaciones, tantas, tampoco son fáciles de resumir en pocas líneas y necesitan su reposo para madurar. En la Favela de Turano no se sabe cuanta gente vive, pero son muchos miles. Las alcantarillas no existen y las aguas y la basura bajan juntas por las laderas fangosas de la montaña. Hoy llovía así que todos los movimientos del magma de “lixao” (basura) estaban acrecentados. Uno de los mayores problemas que tienen los niños es que en porcentuales altísimas padecen sarna por las inexistentes condiciones de salud. Las ratas, gatos, perros andrajosos, gallinas, gallos y otros animales conviven en las casas y callejuelas (si se pueden llamar así). El presidente de una de las asociaciones me explicaba que ante Río 2014 (Mundiales de Futbol) y las próximas olimpiadas, los “gringos” osea yo, no arriesgábamos mucho entrando, por que las nuevas Unidades de Policía de Pacificación creadas por el Gobierno Lula les han dejado muy claro que serán inflexibles con los crímenes cometidos contra extranjeros. Claro, que he tenido una gran suerte, por que hay otras favelas mucho más degradadas donde seguramente no me hubiera ido tan bien. La verdad es que esta la elegí por caso y esa es la fortuna del viajador intrépido. La misma persona, que preside una de las tres asociaciones que existen en esa Favela, la de Turano en la zona de Tijuca, a parte de decirme que estaba loco moviéndome por allí, me explicaba que ni ellos ni el Ayuntamiento de Río, aquí llamada Prefectura, conocen con exactitud el numero de habitantes de esos poblados Hay que tener en cuenta que la ciudad de Río esta rodeada por penachos, lomas y montañas y prácticamente en cada ladera surgen incontroladas cientos de casas hechas de materiales de fortuna. Cuando llueve mucho son frecuentes los derrumbamientos. Hoy he visto tres Favelas diferentes, dos desde fuera y la tercera, Turano, es la única en la que me he atrevido a entrar, por aquello de la curiosidad y la íncosciencia que nos mueve en la vida. Según me adentraba se corría la voz y decenas de niños me rodeaban al tiempo que las personas de todas las edades se asomaban a sus puertas y ventanas para ver a este rubio loco dentro de su mundo. En las tres he podido observar las diferencias en la calidad de construcción de las chabolas, alguna casi dignas, verdaderas casitas. Al lado de otras realmente sobrecogedoras, con niños y animales retozando en el barro. Había muchos escolares que tornaban de escuela con sus impecables camisetas blancas o azules, acompañados de madres, que vistas en el metro nunca dirías que viven allí. Tiendecitas y baretos y el absurdo de las contradicciones contemporáneas. Una selva de parabólicas y teléfonos celulares. Incluso he visto una oficina de una famosa aseguradora brasileña, con tanto de lujoso cartel en la cochambrosa construcción. Varios servicios sociales, de salud, de educación, una biblioteca comunal y un buen número de policías que se mueven en grupo con chaleco antibalas y fusil en mano. Los niños, muchos, llevan mochilas escolares regaladas por el ayuntamiento. Había incluso un furgón blindado de Prosegur recogiendo dinero en una parte del barrio. Cuando estaba en la parte más baja de la Favela ha llegado un coche de un servicio técnico de instalación de decoder. Todos los servicios llegan a la base de la Favela, la única zona accesible por los vehículos, a partir de allí hay organizados sistemas internos de distribución por las empinadas y estrechas callejuelas escalera que se adentran en la ladera de la montaña colonizada por las cientos de chabolas. Los tendidos eléctricos, todos abusivos, son de ciencia ficción, con miles de cablecillos enmarañados que se bifurcan en total anarquía hacia los usuarios finales. Agua corriente no existe y tienen organizado un sistema de distribución a base de aljibes y botellas en un continuo trajín del liquido primordial. La policía no puede acceder tampoco, solo hasta la base, donde tienen una especie de comisaría de donde ellos mismos ni salen. Existe un servicio de asistencia en caso de fuertes lluvias que dispensa materiales de contención y consejos a los moradores para evitar tragedias. El resto esta dejado a la administración jerárquica de los propios moradores. Donde lógicamente manda el traficante más violento y la banda más decidida y el resto esta bajo sus edictos. Las “casas” de los boss se distinguen claramente del resto y el estatus dentro de ese submundo de vida ilegal de tráficos y crímenes de todo tipo se adivina fácilmente con la simple observación del entorno. Ves una chabola súper lujosa, las de al lado un poco menos y las demás realmente asquerosas. Luego distingues otra chabola-casa con contraventanas y todo, igual pintada de color la fachada, las de al lado con ventanas en aluminio y las de alrededor ni siquiera ventanas, solo agujeros. En un sucederse continuo de fantasía arquitectónica de la chabola. Hay bastantes albañiles trabajando y eso si, en todas las casa una tele, mejor o peor, pequeña o al plasma, encendida y estruendosa todo el día. En las escaleras-calle o calles-esalera conviven gentes medio desnudas y sucias con tipos vestidos normales y en ese mundo de pobreza, como en todos los mundos, hay quien esta en la cima de la escala y quien esta en las más absoluta miseria.

Con todas las aguas negras que bajan abiertas por una especie de canalillos o en medio a las escaleras, ayudadas por las leyes de Newton. El olfato ha sido intensamente solicitado. Me ha sorprendido mucho la vegetación, en algunos puntos realmente frondosa. En otros de cuidados resultados. Así como la gran cantidad de animales de compañía y de corral que pululan sueltos, además de numerosos y llamativos pájaros en jaulas colgadas por todas partes.

Pero la cosa que más me ha chocado son las sonrisas sinceras, inesperadas y casi diría felices, de tanta gente que a mi insolente paso en su degradado mundo me brindaban espontáneos.

Río de Janeiro tiene una población de más de 11.500.000 en la región metropolitana. Tiene entre 750 y 900 favelas y su origen es de finales del 1.800. Son conglomerados de construcciones ilegales, muchas de ellas hechas con materiales de deshecho, unas encima de las otras. Son los llamados “barracos”.El baile de cifras en cuanto a su extensión total y número de habitantes es infinito y nadie se pone de acuerdo, pero representan una parte muy importante de los asentamientos habitados de la ciudad y por tanto parece lógico deducir que en ellas viven una importante porcentual de la población total de la ciudad.

La verdad es que estoy muy contento de estar aquí sentado en mi tranquilo hotel pudiendo escribir estas líneas después de, como decía esta mañana, esta rara ocasión de hacer el “turista”. Creo que hoy voy a dormir mucho mejor de lo normal después de ver donde y como viven tantas personas.

Me voy a la cama sin decir nada más, no quiero parecer pedante.

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